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Labor encomiable, la del obrador de una cocina. Allí nacen las formas, sabores y aromas que han de llegar a nuestros paladares.
Galicia es una zona de grandes calidades en materia prima.
Nacen en la tierra que nos rodea una gran cantidad de productos que deberíamos encontrar expuestos en las mejores galerías.
Como nuestro bogavante, con el cual realizamos una deliciosa ensalada para los más esquisitos. Salpicón de txaka, o esas zamburiñas en salsa.
Del mar nos encontramos chocos y chipirones que elaboramos de diferentes maneras, así como un “pulpo á feira” que apetece encontrar en una taberna de la zona; ver su color y probar su textura a lomos de una patata y envuelto en ese recomendado aceite de oliva, es una inolvidable forma de saborear un pequeño trozo de nuestra tierra.
Las carnes están presentes, y, entre ellas una de todos conocida: El Raxo,
sin traducción al castellano, pero probado y conocido por
todos. Al queso, con pimientos, champiñones y unas patatas
recién fritas y antes peladas y troceadas.
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El buen
hacer de esta conjunción nos presenta un gran plato.
Entrecot de vacuno y buey, así como las brochetas de los mismos, sin olvidarnos del lacón con grelos y chorizo para saciar el apetito del más visionario.
Anchoas del cantábrico en maridaje con quesos de gran textura y en aceite puro virgen o regado con un aceite de pimentón de creación propia.
Los grelos con chorizo y un buen caldo tinto Gallego, llenan de fragancia nuestras bocas.
Espero que encuentren con nosotros ese momento y puedan comunicarlo en las tertulias más agradables regadas con orujos y licores de la tierra.
Les espero. Alberto Larrea.
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